24 NOVIEMBRE 2018 – ¡La colonia explora el Parque de la Vega!

En la madriguera hemos jugado, cantado, bailado, reído, aprendido mucho de los Grandes Castores pero… ¡aún no habíamos dormido!

Así que las castoras y los castores se colgaron su macuto a hombros y con una sonrisa, escucharon atentamente como iba a transcurrir la aventura que se venía.

Descubrieron nuevas normas para cumplir en la acampada, extendieron sus esterillas y sacos bien juntitos para no pasar frío, sacaron su pijama y peluche y lo dejaron todo ordenado para la hora de dormir.

Aprovechando que la lluvia nos dio un descansito, cogimos los abrigos y fuimos a jugar al bosque para poner fuertes las patitas corriendo de un lado para otro al ritmo de las direcciones de Malak. El ejercicio no es ejercicio sin una relajación al final, que aprovechamos para caminar por el bosque mientras Ojo de Halcón contaba en alto el segundo capítulo del Libro de la Vida en el Estanque. Los castores y castoras iban acompañando con su cuerpo la historia que iban escuchando, ¡quedó chulísima!

 

Y al volver al local, ¡avistamos a unos intrusos que habían entrado en la madriguera! No eran ni más ni menos que los Niños Perdidos, que vinieron a darnos una sorpresa y compartieron danzas y juegos nuevos con la colonia.

El sol se fue y con su marcha trajo el hambre a la tripita de los castores, así que devoramos con ansia la comida que trajeron de casa y el postre que compraron con su euro en el Mercadona. Eva propuso pagar con las monedas de chocolate, pero no les terminó de convencer.

 

Entre bostezos y cabezadas nos pusimos el pijama, nos lavamos las paletas y abrimos las orejas para escuchar de la boca de Rasty el tercer capítulo de la Vida en el Estanque. Aquellos castores que aguantaban el sueño vieron la película de COCO, otros sin embargo se quedaron plácidamente dormidos con las gafas puestas…

 

El domingo amanecimos contentísimos y llenos de energía, así que recogimos nuestro macuto, desayunamos a toda pastilla y esperamos impacientes a mamá y papá que vinieron a la madriguera a aprender cómo hacer nuestro macuto. Entre risas y diversión, evaluamos cómo nos lo habíamos pasado nos despedimos, ¡hasta la próxima!

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